Deuda española, en zona de rescate

La alegría de ganar la Eurocopa de fútbol y el balón de oxígeno de los acuerdos alcanzados en la Cumbre Europea han durado muy poco. Menos de una semana después de que los líderes europeos acordaran una serie de medidas para aliviar las tensiones financieras en la zona euro, la deuda española ha entrado nuevamente en “zona de pánico”, con el interés del bono a 10 años en un nivel crítico de 7%, el riesgo país en los 580 puntos básicos.

Se considera zona de pánico, cuando los intereses de la deuda de un país  alcanzan niveles tan insostenibles que le resulta demasiado costoso financiarse en los mercados de deuda, viéndose obligado a solicitar un préstamo—también llamado rescate– de las instituciones europeas a cambio de aplicar las duras medidas de recorte del gasto público.

Las tensiones de la deuda española han empeorado luego de que el Banco Central Europeo situara los tipos de interés en un mínimo histórico de 0.75% para atajar el peligro de recesión en la eurozona, pero no anunciara la compra de deuda soberana de las economías acosadas por los mercados.

El riesgo país y la rentabilidad de la deuda española regresaron a los niveles que estaban antes de la Cumbre Europea, en la cual el presidente español Mariano Rajoy alertó de que España no podría seguir financiándose  con estos intereses.

De poco han servido los durísimos recortes al gasto público realizados por España e Italia (cuya prima de riesgo también se disparó el viernes) para calmar a los mercados, que están pidiendo “más reformas estructurales”, mientras que desde las autoridades europeas tampoco ha habido ningún pronunciamiento que haga vislumbrar la luz al final del túnel.

Trasfondo político

Detrás de esta crisis, aparentemente financiera, existe un trasfondo político, que pone de manifiesto la profunda fractura existente a lo interno de la Unión Europea entre la Europa deudora del Sur y la Europa acreedora del Norte.

Esa Europa acreedora, representada principalmente Alemania y los países nórdicos, ha impuesto durante los últimos años una política económica basada en el control déficit, aún a costa del crecimiento económico.  En tanto, los países del Sur de Europa, apoyados ahora por la nueva Francia social-demócrata de François Hollande piden estímulos al crecimiento, mayor protagonismo del BCE y una mutualización de las deudas, eufemísticamente llamada “solidaridad financiera”.

Para Alemania, esta crisis de deuda representa también un instrumento de presión política para legitimar la necesidad de más reformas estructurales y forzar a Francia a que ceda más parcelas de soberanía a Europa.  También hay que entende que para la mentalidad de Europa continental,  los mercados no tienen que marcar la forma y los tiempos de las decisiones económicas, a diferencia del capitalismo anglosajón, en el que Wall Street y la City influyen fuertemente en la política económica.

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Dos Europas, una Eurocopa

La Cumbre histórica para salvar el euro coincidió con una cita también muy esperada: la Eurocopa de fútbol.  El primer día de reuniones congregó a los líderes europeos no solo ante la encrucijada del euro, sino también frente a las pantallas de televisión que mostraron cómo Italia eliminó a Alemania, un presagio de lo que sucedería en las horas siguientes, cuando dos economías periféricas (Italia y España) metieron un gol a una Alemania aparentemente imbatible.

Y es que esta crisis,  que a primera vista podría parecer meramente económica o financiera, es en el fondo un asunto político, que ha puesto en evidencia la profunda fractura existente a lo interno de la Unión Europea, entre la Europa deudora del Sur y la Europa acreedora del Norte.

Esa Europa acreedora, representada principalmente por el antiguo eje franco-alemán y los países nórdicos, impuso durante los últimos años, una austeridad autoritaria, en la que el control del déficit se convirtió prácticamente en la única política económica.

Cuando la austeridad ahogaba a las economías del Sur y amenazaba con sumir en una nueva recesión a todo el continente, los países del Sur de Europa, encontraron un aliado en la nueva Francia social-demócrata de François Hollande. Pidieron estímulos al crecimiento y una mayor “solidaridad financiera” para frenar las tensiones en los mercados de deuda.

Para Alemania, no obstante, la crisis de deuda es en realidad  un instrumento político de presión para demostrar la necesidad de las reformas estructurales y forzar a una Francia que históricamente se ha negado a ceder soberanía.

Además, para la mentalidad de Europa continental, los mercados financieros no son los que tienen que marcar los tiempos de las decisiones económicas, a diferencia del capitalismo anglosajón.  Hay que recordar además que “los grandes cambios en los sistemas complejos de toma de decisiones en la Unión Europea, sólo se dan cuando se está al borde del precipicio”.

Y así fue como al borde del abismo, Europa dio un balón de oxígeno a los países asfixiados por los mercados.  Tal y como sucedió en la Eurocopa, parece que España es la principal ganadora de esta Cumbre, aunque ninguno de los españoles que se lanzaron a la calle para celebrar el triunfo futbolístico se acordó por un momento ni de la crisis ni de la prima de riesgo.

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